Los redentores de Nueva Orleans

3 Feb
  • Cinco años después del Katrina, y en medio del vertido de petróleo, los activistas sociales y medioambientales sacan a flote lo mejor de la ciudad. Texto: Carlos Fresneda (Nueva orleans) Fotos: Isaac Hernández

Jenga Mwendo estaba en Nueva York cuando golpeó el huracán Katrina. Trabajaba como dibujante en un estudio de animación, llevaba una vida ajetreada y vacía, sentía que algo le faltaba aunque se dejara arrastrar. Lo último que pensaba a esas alturas de su vida era claudicar y volver como si nada a Nueva Orleans.

Pero Jenga no podía dormir por las noches pensando en su familia y sus amigos en su ciudad natal, ahogada bajo las aguas. Sintió la desesperación de tantos otros ante el desastre, amplificada por ese personalísimo e intenso vínculo emocional que sólo quien haya vivido en Nueva Orleans puede llegar a entender.

En pleno éxodo del Katrina, cuando la ciudad era aún una ciénaga inhabitable, Jenga Mwendo tomó una decisión: regresar. Y allí sigue, al cabo de cinco años, con los 32 recién cumplidos y con su hija de seis, mojándose hasta el tuétano en la reconstrucción del Noveno Distrito Bajo, la zona que simbolizó la derrota amarga de una ciudad vapuleada y abandonada injustamente a su suerte.

Jenga (recién galardonada con el premio Cox Conserves Hero) simboliza ahora algo bien distinto: la esperanza en el futuro, incluso en una ciudad siempre al límite como Nueva Orleans, acechada por si fuera poco por el mayor vertido de petróleo en la historia de Estados Unidos.

La historia cicatera no ha tenido nunca piedad con este lugar único en el mundo, enclavado en un peligroso paraíso (el delta del Misisipí) y sazonado por la vibración del jazz, la fiebre imcombustible del Mardi Gras y lo mejor de cuatro culturas superpuestas (anglo, española, francesa y creole). Pese al olor a naufragio inminente –tantas veces anunciado y nunca consumado–, generaciones sucesivas de redentores han acudido siempre al rescate de The Big Easy, y esta vez no podía ser menos.

“La ciudad ha recobrado la esperanza y la energía porque está habitada y forjada por auténticos supervivientes”, certifica Jenga Mwendo. “Desde el Katrina, y pese a que nunca ha llegado a recuperar la población, se ha notado mucho la llegada de gente joven con ganas de empezar desde cero y hacer nuevas cosas.”

El mérito de Jenga consiste precisamente en haber devuelto a la zona más castigada de la ciudad su pasado verde… “Yo recuerdo cuando paseaba de niña y veía a la gente cultivando en los patios. Ibas caminando y veías las tomateras, las lechugas, las sandías. Nadie pasaba hambre entonces; todo el mundo comía de lo que se cultivaba en los jardines. Pero la llegada de la alimentación industrial lo barrió todo. Desaparecieron los huertos y el barrio se convirtió en un desierto de frutas y verduras. Los niños se alimentan básicamente de comida basura, cuando tenemos un clima muy cálido y una tierra increíblemente fértil.”

Sin apenas conocimientos agrícolas, aprendiendo sobre la marcha, Jenga rescató un pequeño solar junto a una casa en ruinas y creó uno de los primeros jardines comunitarios de la época post-Katrina en el devastado Noveno Distrito Bajo. Echándole ganas e imaginación, el jardín Laurentine Ernst se convirtió con el tiempo en un centro de transformación social y ambiental.

“Hemos creado un espacio para la comunidad, un lugar en el que niños y adultos pueden reunirse, en contacto con la naturaleza”, presume Jenga. “Hemos recuperado jardines y parcelas que estaban abandonados, y lo hemos hecho con el orgullo de estar labrando un cambio positivo para el barrio”.

Se lamenta Jenga, y con razón, del abandono secular y de la poca ayuda recibida por parte de la ciudad o del Gobierno federal. La Red de Alimentos y Huertas de Nueva Orleans (Food and Farms Network) ha funcionado hasta ahora gracias a las donaciones y a la labor de decenas de voluntarios… “El nuevo alcalde (Mitch Landrieu) ha mostrado su interés, pero la ayuda no se acaba de materializar. Si miras alrededor, vivimos aún entre los escombros del Katrina. Todo está por rehacer en el barrio. Nueva Orleans ha salido a flote gracias a los activistas y a los grupos de base. Ahora le toca a los políticos ponerse a la altura.”

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